QUIEN SOY


Soy Ana. Mi nombre espiritual es Anayukamiraa. Durante gran parte de mi vida fui una persona profundamente mental: necesitaba entenderlo todo, analizar cada paso y buscar respuestas desde la razón. Intentaba comprender la vida desde la lógica, ordenar lo que sentía y encontrar un significado a cada experiencia. Sin embargo, en ese afán por entenderlo todo, había una parte de mí que todavía no terminaba de encontrar: no terminaba de encontrarme a mí. Fue mi inmersión en la Cábala el punto de inflexión que transformó mi perspectiva. A través de ella viví profundos encuentros con mi propia alma y descubrí que existían dimensiones de mí que no necesitaban ser analizadas para ser comprendidas, sino sentidas. En ese viaje también me formé en canalización, aprendiendo a trabajar con la energía y, sobre todo, a calmar la mente desde el cuerpo y la presencia.


Cada experiencia iba colocando una pieza en mi camino, pero cuanto más profundizaba, más evidente se hacía que ninguna estructura existente abarcaba por completo aquello que mi alma necesitaba expresar. Entonces tuve que mirar hacia dentro. Comprendí que reconocer mis patrones y heridas no significaba necesariamente haberlos transformado. Algunos seguían ahí, en la raíz. Entendí que no bastaba con comprender el dolor: había que llegar a su origen. Así comenzó a tomar forma mi propia manera de trabajar, una metodología para observar los patrones, comprender su origen, integrar lo aprendido y retirar poco a poco aquello que ya no debía seguir ocupando espacio. Y en ese proceso apareció Silvalix. No llegó como algo que hubiera planeado, sino cuando tuve que soltar parte de todo aquello que creía saber, dejar de buscar todas las respuestas desde la mente y permitirme experimentar desde otro lugar. Silvalix comenzó entonces a mostrarme una manera de unir aquello que parecía separado: la mente y el espíritu, la razón y la intuición, la experiencia y la energía, lo consciente y aquello que permanece en lo profundo.


Silvalix no nació solamente de mis conocimientos y experiencias, sino también de mi propio reencuentro. Para construir este camino tuve que atravesar el mío: mirar mis raíces, reconocer mis sombras, observar mis patrones, soltar, integrar y volver a escucharme. Hoy doy gracias porque Silvalix llegó a mi vida y porque, a través de este camino, no solo llegué a conocerme mucho más, sino que volví a reconocerme. Comprendí que quizá no necesitaba convertirme en alguien diferente, sino volver a encontrar a quien siempre había estado ahí. Hoy me reconozco en Anayukamiraa, mi nombre espiritual, no como alguien que tiene todas las respuestas, sino como alguien que ha recorrido su propio camino y continúa recorriéndolo. Desde esa experiencia acompaño a otras personas a explorar y descifrar su propio mapa interno, reconocer aquello que se repite, mirar hacia sus raíces y conectar con una comprensión más profunda de sí mismas. Porque quizá el verdadero camino no consiste en convertirnos en alguien diferente, sino en retirar todo aquello que nos fue cubriendo hasta volver a recordar quiénes somos realmente. Ese es, para mí, el corazón de Silvalix: no decirte quién eres, sino acompañarte a volver a reconocerte.


— Anayukamiraa